Escrito por Laura Baissi    Lunes, 06 de Julio de 2009 22:27    PDF Imprimir E-mail
Mundo tecnológico= Nuevos modos de entendimiento

Por unos instantes he perdido la noción del tiempo. Sin darme cuenta me encuentro en una de esas tardes en que dependiendo del punto de vista, no es ni temprano ni tarde, simplemente es. Sin pensarlo demasiado y casi como un acto reflejo me dispongo a leer porque sí, porque estoy aburrida. De repente me atrapa una entrevista a Humberto Eco que salió publicada en la Revista Ñ de semanas atrás con motivo de su quinto aniversario, allí el semiólogo italiano hace unas cuantas reflexiones en torno a la tecnología que suscitan mi interés y como si esto fuera poco, me ayudan en la ardua tarea de finalizar mi posteo para el Seminario de Integración y Producción de este año....


En principio me llaman la atención unas cuantas ideas críticas y disparatadas a la vez- disparatadas en el sentido más genuino del término, quizá el concepto debió ser “creativas”-. En un ensayo de su último libro “A paso de cangrejo. Guerras calientes y populismo mediático” (2008), el autor nos invita a pensar qué pasaría si se lanzara una tercera guerra mundial y nuestra civilización se viese en la obligación de volver a un mundo sin computadoras, Internet ni I-pods y comenta: “Podríamos volver a utilizar palomas mensajeras para comunicarnos y qué lindo que sería poder desprender de sus patitas las últimas noticias, enterándonos, por ejemplo que la tía tiene ciática pero que por lo demás está bastante bien. Pero estas nuevas alegrías se deberían pagar en mi escenario hipotético con por lo menos tres mil millones de muertos, sin mencionar la destrucción de las pirámides o de la Basílica de San Pedro. Termino mi texto con la esperanza de que mi sueño nunca se cumpla.”. Al mismo tiempo señala que, como elemento tecnológico, el celular se ha impuesto en nuestra vida cotidiana y que las personas son capaces de utilizarlo en cualquier sitio y situación e incluso “exponen sus experiencias más íntimas por celular mientras compran zanahorias en la verdulería” y que Internet contribuyó a generar una cultura en la cual no se filtra nada en absoluto y esto desemboca en una sobreabundancia de información que hace que se pierda la visión de conjunto. Ante este nuevo escenario, Eco apuesta a una nueva forma de educación en las escuelas que “tienen que poner a los alumnos en condiciones de decantar las informaciones relevantes de toda la maraña de información”. Pero sobre todo cabe rescatar que el autor se proclama
a favor de las nuevas tecnologías pero que la reflexión constante acerca de ellas es fundamental.


Luego de leer la entrevista surgen en mí infinidades de cuestionamientos, imágenes, sensaciones y hasta la necesidad de colocarme por fuera de la realidad en que me encuentro inmersa el pos de contemplar ese “qué pasaría sí...”. Por eso si tuviera que quedarme con alguna de las ideas que Eco disparó en mí, no tengo dudas que sería justamente esa, la de hacer un corrimiento espacio-temporal y pensarme a mi misma y a mi entorno en otro contexto, en uno en el cual no existiesen mp3s, mails, pen drives o conversaciones ajenas y embarazosas mientras se viaja en colectivo. Sin lugar a dudas este tipo de ejercicios mentales conducen a uno a generar reflexiones diversas, sobre todo cuando hacemos el cruce con el camino transitado durante el año en el espacio de este seminario.

De repente vuelve a surgir un torbellino de ideas -o conceptos- que, en mi aventura de convertirme a mi misma en “otro yo” alejada de mi contexto actual, me resultan de suma importancia para embarcarme en la propuesta que Eco realiza en su ensayo.

Humanos, no-humanos, formas tecnológicas de vida, cambio de paradigma, medio fluido, redes sociales, mediación, multiculturalismo, flujos, nuevos medios, era digital, hibridaciones, inteligencia artificial, sociedad mediática, comunicaciones a distancia…

Existe entre todos y cada uno de estos conceptos un denominador común: tratar de comprender qué es lo que nos ha venido sucediendo en los últimos años, a partir del momento en que las tecnologías avanzaron tanto hacia nosotros que nos sobrepasaron y se hizo evidente un gran cambio, quizás en la forma de concebir el mundo, la cultura y nuestra relación con los otros. Tal vez un punto de unión entre los pensadores que hemos analizado durante el año, es el hecho de que todos ellos sostienen que existe una imperiosa necesidad de establecer reflexiones en torno al hombre y la tecnología.
Algunos de los corrimientos fundamentales que experimentamos en la era digital pasan por la forma en que concebimos, por ejemplo, el hacer y el conocer, el sujeto y el objeto. Se trata de aquellas proposiciones inalterables de antaño que, desde hace tiempo, son puestas en jaque, hecho que evidencia el desplazamiento hacia nuevos modos de entendimiento. Hacia un nuevo paradigma.

Esta perspectiva de análisis nos obliga a posicionarnos frente a los fenómenos desde una nueva postura y es posible situar la misma de la mano de lo que los autores chilenos Fernando Flores y Francisco Varela denominan “paradigma de la flexibilidad auténtica” . Este emerge tras el agotamiento de las posibilidades que ofrecía el espacio cartesiano y surge como alternativa substantiva en correlación con un nuevo actor social al cual los autores denominan “agente transformador”. Se trata de un nuevo sujeto que se caracteriza justamente por conducirse con prudencia, sabiendo cómo fundar redes de personas -u organizaciones- que le aporten las capacidades necesarias para llevar a buen fin un proyecto: trabaja en equipo, los moviliza, forja formas de trabajo humanos que se expresan en prácticas innovadoras.

Inevitablemente en el camino hacia la reflexión sobre la tecnología surgen cruces entre pensadores y este “nuevo sujeto” pensado por Flores y Varela tiene correlación con lo que Scott Lash denomina “Formas tecnológicas de vida”. Una “forma tecnológica de vida” es la manera en que comprendemos el mundo, justamente por medio de sistemas tecnológicos. Esto quiere decir que comprender el mundo implica necesariamente comprenderlo junto-a-la-tecnología. Hombre y máquina no llegan a fusionarse, pero se implican unos a otros. Actuamos mediante interfaces. Como consecuencia, ubicarnos en esta línea reflexiva significa girar el modo en que concebíamos tradicionalmente el hacer y el conocer. Hoy ambas se mezclan, se fusionan bajo un mismo signo, hacer y conocer no son acciones diferenciadas, son una misma cosa. Pensar es hacer, hacer algo para alguien, crear algo con sentido para alguien. Comunicar.

Es por eso que imaginarnos fuera de nuestro contexto se convierte en una difícil tarea. Somos quienes somos, sentimos como sentimos y nos movemos como lo hacemos porque estamos atravesados por el contexto en el cual nos desenvolvemos. Como señala el compañero Rodrigo Berlochi, “Code is Poetry”. Matt Mullenweg pronunció estas palabras por primera vez y sin quererlo resumió todo. Aquello transformó el mundo y sólo puede significar la transformación profunda de una sociedad que se ha vuelto “informatizada” de raíz.

La web es sólo un ejemplo de esto. Y como señala Piscitelli, en los pocos años en que se ha venido desarrollando la red observamos que la misma se ha transformado en un “nuevo soporte intelectual” y como en cualquier otro medio de comunicación operan dos principios básicos y evolutivos. El primero tiene que ver con los costos y los beneficios, aquello que se gana y se pierde cuando surgen, y el segundo, para decirlo en sus términos, se relaciona con que “los nuevos medios generalmente recuperan elementos de la comunicación natural (biológica) eclipsados por los medios primitivos anteriores”. De alguna manera, es posible relacionar estos principios con lo que Marshall McLuhan denomina “Las leyes de los medios”: Extensión “Cada tecnología extiende o amplifica algún órgano o facultad del usuario”; Caducidad “un nuevo medio se extiende y resulta obsoleto en el medio en el cual ese medio se expresa”; Recuperación “Todo medio recupera algo previamente obsoleto”; Reversión “Cada forma, llevada al límite de su potencial, invierte sus características y los transforma en lago nuevo”. Cada uno de estos principios es cumplido por todo tipo de medios y en forma simultánea. Y, claro está, la web no escapa a esta lógica.
Vivimos dentro de un marco de aceleración constante de los procesos sociales, culturales y reflexivos, por tanto es clave entenderlo porque debido a ello, la cultura es cada vez más efímera. El mundo es cada vez más fluido. Las relaciones que establecemos con nuestros pares se modifican, se transforman.

Ignacio Lewkowicz propone la noción de medio fluido para comprender mejor este fenómeno. Un medio fluido es inestable, en continuo devenir, en constante cambio. Asumir la fluidez significa estar a la altura de la nueva era con su dinámica en constante cambio y evolución, pensarla desde la multiplicidad social y la heterogeneidad, teniendo en cuenta su funcionamiento dentro de una trama sociocultural activa y dinámica. Aquí es donde los lazos sociales entran en juego. Por su parte, Lash sostiene que los lazos sociales se entienden de manera diferente y hasta es posible verlos hecho añicos. Y que también tienen su correlato en las denominadas redes sociales. Los lazos ceden a las redes. Mundo fluido, sociedad red. Nuevas formas de comunicación es lo que vivenciamos y en particular la comunicación a distancia, la cual hoy es parte natural de todos nosotros. Recibir un mensaje de texto, chatear con un amigo, ver un programa en vivo de algún canal extranjero, son sólo algunos ejemplos de este tipo de comunicación que no sólo es a distancia sino que es global.

Resulta un poco difícil hacer abstracción de todos estos fenómenos ya que los asumimos con la naturalidad propia de aquellos que prácticamente nacimos en medio de ellos. Globalización y Multiculturalismo son propios de nuestra época. Hablamos a distancia, conocemos a distancia, compramos a distancia, amamos y odiamos a distancia. Los flujos nos llevan y nos traen cosas de los “mil focos de la cultura”, como sostiene Barthes . Pero por sobre todo nos traen información, demasiada información. Una característica de nuestra sociedad es la sobrecarga de información que termina haciendo su efecto contrario: desinformación constante, apatía. Fenómeno que viene dado de la mano de los tradicionales medios de comunicación y de lo que Lev Manovich denomina “nuevos medios”, que no son otra cosa que la transformación de los medios tal como los conocemos en datos numéricos a los cuales se tiene acceso por medio del ordenador.

Pero lo importante es lo que este fenómeno de los “nuevos medios” trae aparejado. El problema no se acaba allí donde los medios clásicos son traducidos a datos numéricos dentro de un ordenador. Cuando este tipo de tecnologías llegan, se instalan y lo que cambia es la sociedad en su conjunto. Y es claro que las consecuencias es lo que ha sido mencionado con anterioridad.: nuevos modos de relacionarnos, de comprender el mundo, de existir.

Vivimos en un mundo mediado por artefactos tecnológicos, asistimos a un momento particular y transitivo de la historia. Estamos inmersos en un nuevo paradigma que aún no termina de definirse, pero que sin lugar a dudas establece corrimientos fundamentales, no sólo como mencionamos al principio respecto de la relación “saber- hacer” sino también de la relación “sujeto-objeto”. Ya no es posible pensarlos como instancias separadas, escindidas. Sujeto y objeto se implican mutuamente y generan una nueva naturaleza inmanente en su fusión. Tal vez, la propuesta de Bruno Latour respecto a la idea de que vivimos en pliegues de “humanos y no-humanos” sea la más adecuada al momento histórico que atravesamos. En el mundo en que vivimos nos rodean los “delegados técnicos” que nos indican qué pasos debemos seguir o de qué manera debemos actuar a la hora de realizar tal o cual acción. Por tal razón “los humanos ya no estamos solos”.

Nuestra relación con la tecnología hace que ya nos podamos concebirnos sin ella y años más, años menos, no hablamos de un fenómeno generacional; y aunque finalmente yo sí pueda pensarme a mi misma en un mundo sin mp3s ni fotolog, porque finalmente así era mi mundo cuando yo nací, hablamos de un fenómeno mucho más abarcativo donde “Tecnología” implica al ser humano desde su mas profunda esencia. Nuestra cultura es tecnológica en sí misma. El capitalismo ha llegado hasta límites jamás pensados y es hoy un capitalismo de carácter tecnológico afianzado. Por tanto, es necesario que propuestas teóricas como las mencionadas a lo largo del texto continúen evolucionando hacia formas más claras de comprensión de los fenómenos que vivimos, y que continúen surgiendo más y mejores propuestas y espacios de reflexión y crítica que conciernan a estas problemáticas...

Publicado por Laura Baissi en su blog personal de la Red DRCOM Social.



 

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